Estrés y ansiedad: ¿es lo mismo?


Por Arai González Monroy

Lic. en Psicología

Las últimas semanas han estado repletas de sucesos e información, la aparición de la pandemia nos lleva a dirigir nuestra vida en torno a una nueva normalidad, a nuevas dinámicas de convivencia y a formas diferentes de trabajar, estudiar y congregarnos.

Hay situaciones en la vida, incluso antes de la cuarentena, que nos han hecho sentir incertidumbre o preocupación. Inclusive hoy, vivimos a la espera de lo que viene y pensamos en cómo estos nuevos contextos harán que nuestra dinámica diaria cambie.

Muchas veces estas situaciones parecen abrumadoras y nos llevan a activarnos a reaccionar y algunas veces nos paralizan, en este sentido, lo más común es que todos hayamos sentido estrés y tal vez, también ansiedad.


Pero, ¿qué es el estrés y qué es la ansiedad y cómo sé si estoy sufriendo esta última y qué debo hacer?

Pues bien, la mayoría nos identificamos con estas palabras y asumimos que muchas cosas del día a día nos producen estrés, ya sean los tiempos límite de entrega de tareas escolares o proyectos en el ámbito laboral, las altas cuotas del recibo de la luz, las cuotas mensuales del colegio y muchas otras. Todas estas responsabilidades que asumimos como adultos y que son parte de nuestra vida, nos causan cierta tensión y hasta cierto punto, hemos aprendido a vivir con ello; pero, en qué momento estas tensiones se vuelven angustia o aflicción.


Para entender mejor e identificar cada concepto, es necesario comprender que el estrés y la ansiedad son condiciones comunes en nuestra sociedad y, por lo tanto, resulta muy importante reconocerlas y saber qué hacer sí estamos atravesando por alguna de ellas.

El estrés y la ansiedad son condiciones que producen sensaciones similares, por ello podemos confundir e ignorar señales importantes de cada una, ambas son graduales y en cierta forma, se encuentran relacionadas y ligadas.


a. El estrés.



El estrés es una reacción de alerta delante de una situación que requiere que activemos y aumentemos nuestra actividad funcional, mental y nuestro comportamiento. Se produce en nosotros como reacción a circunstancias específicas que nos causan presión o amenaza.

En pocas palabras, el estrés es una respuesta del organismo ante cualquier estímulo estresor o cualquier situación estresante y cabe señalar que, tanto los estímulos como las situaciones, hablando de estrés, siempre son identificables.


El estrés puede ser visto de forma positiva o negativa, implica respuestas agradables como desagradables. Por ejemplo: el estrés puede ser positivo cuando nos ayuda a evitar el peligro o nos permite cumplir con una fecha límite de entrega; y negativo cuando nos produce insomnio o dolores de cabeza, mala memoria o problemas digestivos.


Si este desaparece cuando las situaciones disminuyen o somos capaces de solucionarlas, es un estrés agudo. Sin embargo, si el estrés se prolonga y está presente de manera constante, podemos experimentar daños importantes a nuestra salud y estamos hablando de un estrés crónico. Este último, como hemos señalado, tiene consecuencias directas en nuestro cuerpo y trae consigo síntomas físicos y emocionales significativos.


Es importante que sepas que el estrés está interconectado con la ansiedad y si no se controla o no se aprende a trabajar con él, ni lo equilibramos, es posible que se convierta gradualmente en ansiedad.

En diversos casos, la ansiedad puede ser consecuencia de experimentar por un lago tiempo estrés, pero no es el único factor de riesgo para que la ansiedad suceda.


b. La ansiedad.


La ansiedad está relacionada con una reacción interna emocional ante una amenaza, suele revelarse con una activación orgánica o fisiológica importante, así como de reacciones conductuales.

La ansiedad es una condición que tiende a mantenerse aun sin detonantes aparentes o claros de definir. En ocasiones, hay ansiedad sin la presencia de amenaza clara, es aquí que podemos hacer una real distinción respecto del estrés.

La ansiedad tiene más que ver con factores internos (emocionales y psicológicos) que con factores externos (estímulos/situaciones específicas y claras). Por ello se considera que la ansiedad tiene mucho que ver en cómo experimentamos y administramos nuestras emociones.


En otras palabras, la ansiedad está relacionada a la actitud mental que desarrollamos alrededor de aquello que sucede o nos ha sucedido a lo largo de la vida, implica intolerancia, angustia y/o preocupación.


Veamos un cuadro para comparar cada condición:

Cualquiera que sea la condición que experimentas, lo más importante es identificar y poner manos a la obra.


Tanto la terapia y acompañamiento, como la práctica de técnicas especificas te pueden ayudar a reducir el estrés y a controlar la ansiedad. La práctica constante de ejercicio, buena alimentación, meditación y oración, son algunas técnicas que te ayudarán.


En el Centro de Atención y Escucha de la Arquidiócesis de Tlalnepantla, puedes contar con asesoría psicológica o espiritual para atender sensaciones de estrés y/o ansiedad.


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