La paz y armonía en el hogar…

Actualizado: ago 14

Por: Pbro. Abraham Gómez Vázquez.

“Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.”

Salmos 42,1


El golpe económico al ingreso familiar, la ansiedad, la angustia ante un futuro incierto, la desesperación provocadas por la pérdida del empleo, el hartazgo del confinamiento, el estrés, el cansancio originado por una convivencia donde están presentes la falta de comprensión y comunicación, la violencia y el miedo que viene con ello, etc.. Todo esto afecta directamente al comportamiento y al ánimo de las y los hijos, independientemente de su edad.


Es comprensible que con estos factores negativos se genere un ambiente en el hogar muy sobrecargado, negativo, tenso, asfixiante y agobiante. Un ambiente así puede detonar graves y críticos problemas de violencia no sólo hacia la mujer, sino también hacia los hijos. Estos problemas delicados crean traumas y heridas psico-emocionales y espirituales en la vida, agudizándose en etapas complejas como la adolescencia y la juventud. Muchas familias hoy en día atraviesan por estas condiciones adversas que hemos mencionado. Y son problemas que tienen el poder de desmoronar cualquier proyecto familiar con la dosis de sufrimiento que esto acarrea. Quizá tú te encuentres viviendo estas mismas condiciones en tu familia hoy en día y te preguntas: ¿Hay salida? ¿Puedo hacer algo para mejorar mi situación familiar, la convivencia, el diálogo con mis hijos o mis hermanos?


Hay una buena noticia: Sí hay un camino, sí hay una solución que muchísimas veces olvidamos o subestimamos: el diálogo con Dios, el encuentro constante con Él. Abandonar y confiar todos nuestros problemas y miedos más desestabilizadores en sus manos. Es el encuentro vivo con Él en donde encontramos la paz para nuestras vidas. Cuando buscas un “ratito” en tu día para dedicarlo a hablar con Dios en el silencio de tu habitación. Es allí cuando descubres que no cargas tus miedos con tus solas fuerzas, sino que experimentas con alegría como Dios nunca te ha abandonado. Descubres que puedes, con su ayuda, hacer frente a los retos que esta pandemia nos ha impuesto en la vida familiar. Es entonces cuando tu ánimo vuelve a rejuvenecer y experimentas seguridad en tu interior, pues sabes que no estás sola, ni solo. En medio de eventos amargos podrás decir, con firmeza y renovado espíritu: “Tú Señor estás conmigo, y no temo. Sé que no me has abandonado y nunca me abandonarás”.


Es la oración, el encuentro con Cristo vivo, lo que nos sostiene y hace que recuperemos nuestras fuerzas; es su amor con el cual nos encontramos el que nos hace amar a los demás de manera generosa.


Te invito a que, en el centro de tu vida, tengas presente a Dios. Que tus hijos, con tu dirección como padre o madre de familia, puedan descubrir también a Dios, cercano siempre a sus vidas. Te invito a que así, puedas edificar un hogar en armonía, en paz. Invita a tu familia a buscar un espacio de tiempo día con día para encontrarse y dialogar con Dios, como familia. Hagan oración juntos, enseña a tus hijas e hijos a hablar con Dios, con la confianza plena en su amor y su misericordia.


En ningún lugar encontramos paz en nuestras vidas, paz para nuestros hogares.


Dejemos que Cristo, el Señor, habite en nuestros hogares. Dejémonos iluminar por su luz. Permitamos que su paz habite en nuestros corazones, al interior de nuestra vida familiar.


Busca acompañamiento espiritual o apoyo psicológico en el Centro de Atención y Escucha de la Arquidiócesis de Tlalnepantla.






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