MIEDO, EMOCIÓN QUE CUIDA O PARALIZA



Por Luz Adriana García Esquivel

Todos en algún momento de nuestra vida hemos sentido miedo; el miedo es la emoción que experimentamos ante la percepción de una amenaza real o irreal. Su función es de protegernos y cuidarnos. ¿Qué pasa entonces cuando al sentir miedo me quedo paralizado? Se sabe que cada persona enfrenta su propio miedo de acuerdo a los recursos con lo que cuenta para resolverlo; esto es, alguien puede sentir miedo ante un mar bravo cuando no sabe nadar y para otra persona puede no ser amenazante ese mismo mar pues es un excelente nadador.


Por tanto el miedo es una señal que me indica que existe una desproporción entre la magnitud de la amenaza a la que enfrentó y los recursos con los que cuento para resolverla. La amenaza puede ser física o emocional ya que podemos tener miedo a ser golpeados, a no contar con el dinero suficiente para pagar nuestras deudas, miedo a que alguien nos deje de querer, etc. Sea cual fuere la índole del peligro, si la amenaza a la que nos enfrentamos tiene un valor de diez y los recursos con los que cuento para hacerle frente también tienen un valor de diez, no va a producirse miedo; por el contrario si los recursos con los que cuento son de un valor de dos, el miedo surgirá.


Siguiendo en esta línea, debemos considerar al miedo como la luz que se enciende en el tablero del automóvil indicando que falta gasolina, esta luz es el indicador que hay poco combustible y es necesario resolver el problema, ¿cómo? echándole gasolina. Lo mismo sucede cuando experimentamos miedo, es el indicador que algo está sucediendo y debemos de encontrar la manera de resolverlo.


Pero ¿cómo puedes lograrlo? Aquí te daré unas sugerencias para que puedas identificar hasta donde tu miedo te permite actuar o por el contrario te paraliza. Primero, piensa en una situación que te ha producido miedo y reconoce cuál fue tu reacción. Segundo, identifica si tu miedo es funcional o disfuncional. Considera que el miedo disfuncional es aquel que angustia, inhibe, desorganiza y bloquea la posibilidad de experiencia y aprendizaje. Mientras que el miedo funcional es aquel cuya angustia existe, pero es esa misma angustia la que te permite reconocer los recursos con los que cuentas y te lleva a realizar una acción de tal forma que el miedo desaparezca. ¿cómo son tus miedos funcionales o disfuncionales?


Es necesario que identifiques hasta dónde el o los miedos que has sentido son funcionales, es decir te ayudan a protegerte, a cuidarte, ya que sentir miedo es algo necesario en nuestra vida; o por el contrario son disfuncionales y por tanto no te permiten actuar y en lugar de que el miedo desaparezca continua presente impidiendo que realices tus actividades.


Una vez que hayas identificado el tipo de miedo que has experimentado es importante que te des la oportunidad de escuchar y respetar a tu miedo, reconocer que existe y lo que sientes, es decir, permitirte expresarlo y no bloquearlo. Hacer esto supone un cambio en la manera de evaluar al aspecto temoroso, a lo que te da miedo y es a través de este cambio que se comenzarás a crear nuevas condiciones para que enfrentar tu miedo.


Si reconoces que la mayoría de tus miedos son disfuncionales te invito a que realices lo siguiente:


1. Identifica con claridad que es lo que te da miedo; quedarte solo, el rechazo, la burla, etc.

2. Reconoce como te comportas cuando tienes miedo, ¿qué es lo que haces? te alejas de las personas, finges estar bien para que los demás no se den cuenta de lo que estás viviendo, etc.

3. ¿Qué es lo que te dices por comportarte con miedo? que “eres un cobarde”, “que no deberías sentir miedo, no es para tanto”, etc.


Realizar estos pasos te ayudará a que tu miedo se vuelva funcional, aunado a que si reconoces tu miedo y te permites expresarlo te ayudará a mirar tu miedo como una señal de alarma para poder actuar ante una amenaza.


El miedo es una señal, que te alerta acerca de un problema en particular y al cual es necesario ponerle una solución. Considerar de esta manera al miedo, te permite mirar como una oportunidad para dirigir tu atención ante esa situación, por más dolorosa o inquietante que sea.


En ocasiones consideramos que sentir miedo es el problema, es lo que no te permite avanzar, sin embargo esto es algo erróneo. Se convierte en un problema cuando no sabes cómo aprovechar la información que te brinda tu miedo, cuando te enredas en él y por tanto se convierte en un problema más.


El miedo es la sensación de angustia que se produce ante a percepción de una amenaza. Es importante aclarar que no existe algo que sea en sí mismo una amenaza. Todos los seres humanos disponemos de diferentes herramientas para enfrentar las amenazas


El aspecto miedoso se calma cuando es escuchado con respeto, y cuando expresas que es lo que te dice tu miedo. Puede ser que hasta el momento no te has permitido ver a tu miedo como algo valioso que te ayude a enfrentar la situación amenazante de una manera diferente, como una oportunidad para avanzar ante algo. Puede estar funcionando tu miedo como algo paralizante debido a que te has comportado sin reconocerlo o sin escucharlo desde hace mucho tiempo atrás y creer que no hay otras posibilidades de actuar puede parecerte imposible. Pero todo esto es superficial. Cuando cambias la idea sobre para que te sirve tu miedo, el mensaje que trae consigo se incorpora en lo más hondo de tu ser y te permitirá actuar de manera diferente desarrollando tus capacidades para enfrentarlo y avanzar, logrando vencer los desafíos a los que te enfrentes.


Si al escuchar lo anterior, aun reconoces que no te es sencillo cambiar la idea que tienes sobre tu miedo y necesitas de un apoyo psicológico o espiritual para enfrentar tus miedos, recuerda que puedes acercarte a la línea de escucha de la Arquidiócesis de Tlalnepantla para solicitar ayuda.




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