NUESTRA FORTALEZA ES LA ORACIÓN


Pbro. Abraham Gómez Vázquez


Cuando atravieses por momentos difíciles, ten presente estas palabras que Jesús, el Señor nos ha dejado. Dios te escucha, no es sordo:


“¡Cuánto más dará el Padre del cielo cosas buenas a los que se las pidan!” Mt 7,11


Podemos levantarnos y seguir luchando por un futuro, porque descubrimos que Dios nunca nos ha dejado… ni nos dejará.


Cristo nos ha revelado el amor de Dios, que es Padre Nuestro. Nos enseña que Dios es cercano a ti, que está atento de nosotros, que nos responde cuando le llamamos. Creo que el problema es que nosotros ya no le pedimos su ayuda, ya no le tenemos siquiera presente en nuestras vidas.


Es necesario dejarnos encontrar por Él. Es Cristo quien viene a ti. Muchas veces le dejamos esperando afuera de nuestra vida, sin abrirle. Decidimos caminar solos, con indiferencia lo echamos. Aunque Él quiere salvarnos y renovarnos con su amor, nuestra soberbia puede llegar a tanto que ya no le buscamos, y abiertamente le rechazamos. Nos creemos lo suficiente “poderosos” para dejarlo a un lado, en un lugar secundario y sin importancia.


Son los momentos cruciales, las grandes pruebas que la vida nos presenta las que hacen que levantemos nuevamente nuestra vista al cielo y desesperados, dirijamos nuestra súplica a Dios. Entonces, percibimos que a pesar de todo, Dios siempre ha estado allí, en el silencio de nuestro interior, esperándonos.


Pero tenemos que, en muchas ocasiones, deponer nuestra soberbia, abandonar la ilusión de que solas y solos podemos sin su ayuda. Cuando con un corazón humilde, le miramos en la Cruz y le permitimos entrar en nuestras vidas, experimentamos su cercanía, su auxilio, su salvación y su amor.


Aprendemos a orar, aprendemos a reconocernos frágiles, necesitadas y necesitados de Él. Aprendemos a abrir nuestras manos, a mirar nuevamente al cielo y desde lo profundo de nuestro corazón pedirle su auxilio.

Entonces sucede algo: podemos volver a mirar nuestro futuro con esperanza. ¿Por qué con esperanza ante un futuro tan sombrío?¿por qué podemos esperar algo bueno cuando oramos? Pareciera ser todo una simple ilusión.



La respuesta es que podemos levantarnos y seguir luchando por un futuro, porque descubrimos que Dios nunca nos ha dejado… ni nos dejará. Él es fiel a nosotros, aunque nosotros le hayamos olvidado, Él está siempre dispuesto a extender su mano para auxiliarnos, sostenernos y salvarnos. Allí está la fuente inagotable de nuestra confianza y fuerza.


Volvamos a Dios, volvamos a Él, ¡pronto!. Necesitamos, precisamente en estos tiempos fortalecer nuestros corazones. Por eso Él se encarnó, por eso ha venido al mundo, para estar cerca nuestro y así, vencer nuestros miedos y seguir luchando.

Deja pues que su amor te haga una nueva persona y tú, conviértete en un reflejo de su amor. És lo que Él quiere de ti. Que ames a tus hermanas y hermanos, que seas solidario(a) y ayudes a quien te necesite, Él quiere que tu actitud ante los demás sea la misericordia y compasión.


Habla con Dios, haz oración, escúchale, Él te habla siempre. Pídele que te ayude en aquello que más te preocupa. Abandona tu vida a su Providencia que nunca te dejará, mientras, sigue dando responsablemente lo mejor de ti para resolver las dificultades que esta vida nos presente, especialmente durante esta pandemia.

Tomarnos de su mano, platicar con Él, vivir en su Gracia, es aquello que te hace fuerte, invencible.


Si has perdido tu empleo y atraviesas por dificultades económicas debido a la pandemia, comunícate con nosotros al siguiente número, queremos ayudarte en estos momentos difíciles. Call Center Arquidiócesis de Tlalnepantla: 5589203468




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